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Hay que saber jugar de visitante

Hay que saber jugar de visitante

Por Arturo Ferrari, gerente de comunicaciones de Muñiz, Olaya, Meléndez, Castro, Ono & Herrera Abogados (Perú)

¿Puede un profesional ligado a la economía, la contabilidad, las finanzas, las comunicaciones o el marketing encontrar empleo en una firma de abogados? La respuesta es sí. Cada vez es más grande el número de personas que han ingresado a laborar en un despacho sin haber llevado un solo curso en una facultad de derecho. La profesionalización de varios de los quehaceres que antes asumían los mismos abogados ha contribuido a crear una demanda que hasta no hace mucho tiempo era impensable. Basta con echar una ojeada en LinkedIn para percatarse de la gran cantidad de perfiles, alejados de las leyes, que han asumido una posición en lugares antes exclusivos sólo para graduados en derecho.

Los abogados tomaron nota que era mejor dedicarse a aquello para lo que habían estudiado y no seguir invadiendo fueros para los que no estaban preparados. Una profesión con pretensiones holísticas entendió, por fin, que seguir creciendo en un mercado altamente competitivo pasaba por dejar hacer a otros una gran cantidad de cosas que no venían haciéndose bien. O lo que es lo mismo, admitir, con una mueca de fastidio, que sí hay personas que, en ciertos temas, pueden aportar más que un abogado.

Esta “asimilación” no ha sido, ni es, sencilla. Los abogados “intimidan” y ellos lo saben. El equipo visitante sabe que la tribuna puede “condicionar” a un árbitro con escasa personalidad, motivar en extremo al local y hasta despertar un insospechado hinchaje de algún periodista. Es necesario actuar con una cautela inicial, cerrar los espacios y aprovechar el error del rival (no auguro mucho tiempo de vida a quien quiera asumir inmediatamente, desde una posición administrativa, un rol protagónico). Gianni Brera, ícono del periodismo deportivo italiano, definía al catenaccio como un estilo de jugar al fútbol -que Italia volvió popular el siglo pasado- que exigía replegarse, defenderse y atacar de contragolpe. Y vaya que si no fue aplicado con éxito.

Ninguna convivencia es un lecho de rosas. Y esta no es la excepción. Ocurrirá más de una escaramuza entre el destacamento legal y el no legal. Aceptar que hay una forma distinta, y mejor de hacer las cosas, no resulta fácil. Sin embargo, las firmas han encontrado que quienes apostaron por incorporar personas que traían una manera distinta de resolver los desafíos y tareas que cualquier organización exige para su desarrollo han podido sacar una ventaja nada despreciable a la competencia.

¿Puede una persona, no abogada, encontrar un espacio de desarrollo profesional en un despacho? Depende de ella y de la propia organización. De ella, porque requiere una buena dosis de paciencia y entender una “cosmovisión” distinta de ver las cosas. Por ejemplo, comunicadores o administradores enfrentarán lo que para ellos puede ser una exagerada obsesión por ciertos detalles. Sin embargo, ello también puede convertirse en un lugar de aprendizaje y enriquecimiento mutuo (útil en muchos aspectos). De la organización, porque esta debe empezar a preocuparse por un grupo de trabajadores que ya no quiere estar en la sombra o ser solo una suerte de apoyo para tareas que quien las contrató ya no considera como su preocupación principal.

Hasta el momento las firmas siguen siendo un lugar que privilegia el desarrollo de la columna legal, a pesar de que la administrativa ha ido ganando cada vez más espacio e importancia. Quizá ello sea inevitable. Los ingresos dependen, en su mayoría, de los abogados, lo que traza una línea difícil de borrar. Nombramientos y promociones los tienen también a ellos como figuras exclusivas. Las guías se preocupan solo por su trabajo y no el de otros, lo que no impide que existan otros lugares, incluso dentro del mundo legal, que han empezado por considerarlos y agruparlos (aunque ellos mismos debieran empezar a preocuparse por ser más “visibles”). Si los despachos quieren retener o atraer talento, no solo versado en leyes y reglamentos, deben hacer un esfuerzo adicional. ¿Podrán? o, más bien, ¿querrán?


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