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La influencia del darwinismo digital en el estudio jurídico

Por Marcelo Sánchez Rodríguez

La pandemia por Covid – 19 nos sorprendió a todos, golpeando a la mayoría de las empresas, y los estudios jurídicos no fueron la excepción. Recuerdo que, al finalizar la primera quincena de cuarentena, en nuestro estudio jurídico comenzamos a plantearnos ciertos interrogantes respecto a la modalidad de trabajo y la vinculación con los clientes.

Ese año 2020 parecía que sería catastrófico para nuestro emprendimiento jurídico ya que, nuestra modalidad de trabajo era realizar reuniones en nuestra sala entre 8 o 10 personas para ofrecer nuestros servicios a potenciales clientes que firmaban y entregaban la documentación necesaria para el inicio de su causa en formato papel.

Las reuniones se suspendieron y, si bien habíamos comenzado hace tiempo con un proceso de digitalización interno en el estudio en cuanto a la modalidad de trabajo mediante la incorporación de una plataforma para gestión de causas y la implementación de una nube de datos, se nos presentaban varios desafíos. ¿Cómo iba a continuar la comunicación con los clientes y potenciales clientes?, ¿Qué solución íbamos a ofrecer a los clientes con necesidades imperantes y una justicia en “feria judicial extraordinaria”?

Esta situación nos puso en una encrucijada; o nos adaptábamos rápidamente, o el estudio iba a disminuir el crecimiento de manera drástica.

Este momento bisagra en la historia de la humanidad demostró que las personas estaban cambiando profundamente la forma en que consumen, se comunican, se informan, trabajan e incluso buscan, eligen y contratan a un estudio jurídico. Todos estos cambios se encuentran atravesados por las modificaciones radicales que la tecnología e inteligencia artificial acarrea.

De esta manera, la teoría de la evolución biológica a través de la selección natural planteada por Charles Darwin donde se demuestra que las especies que sobreviven son las que más rápido se adaptan al cambio, resultaba perfectamente aplicable a la cuarta revolución industrial que estamos transitando.

Esto implica que las empresas deben adaptarse a los profundos cambios que la tecnología impone. Los estudios jurídicos, pequeños, medianos y grandes, también encuadran en el concepto de empresa y en esta necesidad de adaptarse para sobrevivir.

Nosotros fuimos conscientes de la necesidad inmediata de cambio y adaptación a las circunstancias, por eso, en lo referido a la comunicación con los clientes, el estudio pasó de realizar reuniones presenciales en la oficina entre 8 a 10 personas a armar grupos de whatsapp con cantidad de clientes indeterminada donde uno de los socios lo gestiona solucionando sus dudas y guiando los pasos para el inicio de cada causa.

Esto nos llevó a contactarnos con clientes de varios puntos del país surgiendo la necesidad de obtener las facultades para representarlos y poder armar la carpeta correspondiente en nuestro estudio jurídico, que por supuesto era digital.

Allí decidimos realizar alianzas estratégicas con escribanías en la mayoría de las provincias del país para que los clientes firmen el poder otorgando las facultades necesarias a los abogados del estudio y envíen la documentación en original a nuestras oficinas con sede en Capital Federal.

La ampliación geográfica era un hecho y la tecnología fue la precursora de este alcance. Para sustentar este sistema, hicimos transmisiones en vivo por Instagram y creamos cuentas específicas para nichos determinados. De esta manera, la modalidad del inicio de nuestro estudio jurídico de colocar carteles con los servicios ofrecidos en la vía pública, fue reemplazada por campañas digitales que tuvieron como aliada perfecta a la inteligencia artificial. Esto implicó menores costos de publicidad, mayor celeridad y alcance a personas con mejores resultados de segmentación.

Realizamos constantemente comunicaciones mediante estados de whatsapp y mensajes virales que vinieron a reemplazan las comunicaciones de aquellos abogados tradicionales que enviaban sus invitaciones por correo postal con su firma ológrafa ofreciendo servicios jurídicos.

También fuimos conscientes que la comunicación requiere que los abogados y las abogadas no solo ofrezcan los servicios por escrito, sino que también, se demostró que es indispensable que los potenciales clientes conozcan la cara visible del equipo jurídico, no siendo suficiente mostrar un logo con una balanza de la justicia.

Además, rápidamente notamos que, de un momento a otro, se modificó el algoritmo de Instagram. Otro cambio más. ¡Otro desafío! ¿Qué implicaba eso? Lo que ofrecíamos debía ser atractivo, concreto, preciso, utilizando herramientas como reels o videos cortos e historias con encuestas y hasta música acorde.

Junto con estos avances, la justicia se adaptó al expediente digital generando un cambio rotundo en el ejercicio de la abogacía con escritos y firma digital, uso de token en algunos casos, audiencias virtuales, y también la posibilidad de iniciar juicios en jurisdicciones lejanas a nuestras oficinas debido a que el inicio de las causas se digitalizó totalmente.

A estas alturas pudimos cumplir con las expectativas que la tecnología requiere para mantenernos en el mercado, pero, considero que lo que marca la diferencia en estas modificaciones es la autenticidad con la que nos comunicamos con las personas. Esa humanidad en el trato que va a atravesar la pantalla de un celular, o una computadora, hasta llegar a la calidez de un servicio, creo que es la diferencia que el cliente necesita y busca. Esa combinación entre digitalización y humanidad es la que actualmente nuestra firma otorga como valor agregado para ofrecer servicios jurídicos.

En conclusión, es verdad que estos tiempos no son fáciles para los estudios jurídicos boutique y/o medianos, lo que nos pone desafíos constantes para sobrevivir en el mercado jurídico, pero, también es cierto que se abren posibilidades para llegar a mayor cantidad de personas que hace unos años ampliándose el espectro geográfico.


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