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Sucesión y trascendencia

Sucesión y trascendencia

Por Francisco J. Roggero / Managing Partner / ZBV Abogados

La planificación de la sucesión en las firmas de servicios legales que ya cuentan muchos años en su haber, resulta cada vez más decisiva y a la vez constituye un desafío que no todos logran superar. Los socios fundadores se acercan a sus edades jubilatorias, los movimientos laterales continúan y a su vez resulta necesario un recambio de quienes por años han administrado las firmas.

En este contexto, la planificación sucesoria aparece como un desafío constante que puede convertirse en una lucha agravada con el correr del tiempo, o un problema de difícil resolución que, según los críticos de la industria legal, naturalmente se tiende a procrastinar. Estos conflictos pueden resultar en la generación de una brecha entre las diferentes categorías de socios, en el descuido de las siguientes generaciones y, finalmente, en la disgregación de las firmas.

Lidiar y, por sobre todo, aprovechar los cambios constantes de una economía inestable y repleta de altibajos, los avances tecnológicos, los progresos socioculturales, la incertidumbre política y ser contemporáneos con la “nueva normalidad” (sea ésta la que fuera), suponen un plan sostenido y competente, en el que la sucesión de los mandos en una empresa que presta servicios profesionales juega un rol clave. 

El desarrollo de un plan sucesorio exitoso comienza con la comprensión del valor del capital humano de la firma, enfocado en instruir nuevos líderes, capaces de mantener todos los logros y ampliarlos, con experiencia en puestos de liderazgo y gestión efectiva. Los beneficios serán poder atraer y retener el talento en la firma y que las transiciones de mando se lleven a cabo sin generar inconvenientes en la relación con los clientes, que no sean una lucha, sino una oportunidad óptima para crecer.

En ZBV, la cuestión sucesoria siempre se trató con total naturalidad. Después de casi 50 años en el mercado legal, hemos evolucionado siempre de acuerdo con las necesidades que nos reclamaban la misma firma, nuestros equipos, nuestros clientes y el mercado. Sabemos leer nuestra profesión y adaptarnos a los cambios con solicitud, diligencia y creatividad.

La clave está en la trascendencia, en la institucionalidad, en no concentrarse en una serie de apellidos, ni en una estrella destacada, sino en lograr un trabajo integral, en equipo, que supere a los nombres y a las personas, para crecer y mantenerse en el tiempo, perdurar y que la genialidad sea colectiva. En eso creemos en ZBV y creyeron nuestros fundadores.

Esta trascendencia no implica dejar de lado ni a los socios fundadores, ni a los socios mayores, que hoy nos siguen acompañando como consultores, ni a aquellos que nos precedieron en el managment. Significa todo lo contrario. Hay espacio para todos. La experiencia e impronta de aquellos que nos precedieron nos marca un norte, continúa guiándonos en nuestra práctica. Como sostiene el antiguo, aunque no obsoleto, proverbio latino, somos “enanos parados sobre hombros de gigantes”.

Esto nos permite tomar la experiencia y aprovecharla, ver cada vez más lejos, afinar la precisión con la que nos dedicamos a proveer nuestros servicios y procurar el éxito de nuestros clientes. 

La experiencia en la materia legal es un punto fundamental, pero la experiencia institucional no debe dejarse de lado. Lograr una institución sólida, con pilares firmes y siempre apuntando a la superación, es una de las notas que nos caracterizan y que nos permitieron perdurar en el tiempo. 

Otro punto que va unido con la experiencia es la frescura. El cliente espera la experiencia sólida de la tradición, pero también busca una efectividad nueva, propia de las nuevas generaciones que transmiten su optimismo moderno.

Es esencial no resistirse al cambio, hay que entenderlo y abrazarlo, lograr una buena predisposición para adaptarse a los tiempos y a las circunstancias. Toda la historia de ZBV da cuenta de ello, desde los socios fundadores, Zang, Bergel y Viñes, hasta la actualidad. El tiempo dedicado a la planificación nunca es tiempo perdido, es tiempo invertido en mejorar constantemente.

Los cambios se llevan a cabo día a día, el ejercicio es permanente, creamos nuevos puestos que se acomoden a nuestras necesidades, ampliamos, recortamos, discutimos, modificamos y enmendamos y muchas otras reconfirmamos. Pretendemos estar muy conectados con el management, desde el primer traspaso generacional en el que asumió Juan Quintana por años, luego la década en la que Carolina Zang se desempeñó como managing partner, siendo la única abogada en la Argentina y una de las pocas de Latinoamérica en ese rol, hasta el día de la fecha, donde además se ha confiado el rol de managing partner (conjuntamente con un comité ejecutivo) a alguien que no lleva el apellido de los fundadores.

Y aquí, a institucionalidad y trascendencia hay que agregarle una nueva palabra: generosidad. Es que, si queremos hacer grande a una institución, si queremos que nos trascienda, habrá que pensar en su evolución con generosidad, abrir las puertas a quienes nos siguen y en quienes confiamos. Eso ensalza el nombre de nuestra firma, eso, en el fondo, nos hace más grandes y hace más grandes a quienes nos precedieron. Solo con esta mirada se podrá transformar un estudio jurídico familiar o dependiente de sus fundadores en una verdadera firma de servicios legales que, conservando el norte y la impronta que nos marcaron quienes nos precedieron, avance hacia el futuro por el camino de la institucionalidad.

 


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