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Elen Irazabal:
Abogados y programación

Abogada
Co-organizadora de RLADIES Madrid
Ceo de Advocatus AI

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outofthebox

En la sección #outofthebox queremos darle un espacio a todos aquellos abogados que se animan a pensar fuera de lo esperado, a salirse del modelo tradicional de la abogacía, y que viven estos tiempos de volatilidad e incertidumbre con esperanza y creatividad, construyendo la nueva abogacía que el mundo está necesitando.

Federico Colombres (h)
      Por Federico Colombres (h)     

"La base técnica es lo que nos falta incorporar a los abogados en la conversación sobre la tecnología”

I

Zarautz es un pueblo costero que le besa los pies al cantábrico español, y que tiene la playa más extensa del País Vasco. Por esto y seguramente por su belleza, es conocida con el sobrenombre de "La Reina de las Playas".

A principio de siglo fue descubierto por la aristocracia, y luego de que la reina Isabel II la adoptara como ciudad de veraneo, más personalidades la eligieron como destino. Marlene Dietrich, Jackie Kennedy, Humberto de Saboya.

Hoy, surfers y turistas lo abarrotan durante julio y agosto, y es difícil no sucumbir a sus encantos.

Todo eso dice Wikipedia.

Playa, tranquilidad, buena comida, vida de pueblo: Zarautz sería algo así como ese lugar que todos elegiríamos para vivir. La tierra prometida.

  • O quizás no - me dice Elen Irazábal apenas arrancamos el encuentro por Zoom.

No porque la playa no sea de una belleza voltaica y a veces inasequible.

No porque la cocina vasca no sea lo más parecido a una epifanía.

Ni porque vivir en un pueblo sea tan malo.

Porque había otras vidas, y no quería perdérmelas - me responde de un modo que se parece a una certeza que se acaba de alcanzar, y que aquella tarde en que recibió la carta de admisión para cursar un año de intercambio en una escuela secundaria en Inglaterra todavía no era ni una sospecha.

II

Rompió el sobre, torpemente, la abrió, sobresaltada, leyó. Tuvo una sensación agridulce en el estómago; la primera de todas y de las muchas que vendrían después cada vez que aparecían en su vida escenas de valijas, andenes y nuevas cartografías. Apretó el sobre entre sus manos y decidió que dejaría el pueblo, y se marcharía a Inglaterra por un tiempo. Tenía unos pocos 16 años de vida y no había motivos para irse. Pero sí una sensación vaporosa de que tenía que hacerlo: había una buena razón que aún no cobraba forma.

La tarde de su partida, mientras miraba por la ventana del avión la contundencia del cantábrico, entendió que si algo funcionaba bien había que romperlo y desarmar las piezas. Que si no estaba roto había que arreglarlo igual. Y que ese algo era su vida.

III

Al final Inglaterra no había sido la gran cosa, pero las capas tectónicas de su vida se habían desplazado, y ya era un magma y no sangre lo que le corría por las venas. Volvió a su vida de estudiante secundaria, y las cosas de siempre: esa guerra contra nosotros mismos que se llama adolescencia, el pueblo.

Pensó en su próximo paso, la universidad, y por supuesto que se anotó en abogacía, porque quería solucionar cosas. Para ese entonces, la palabra tecnología no estaba en sus mapas, y lo único que existía para ella era a lo sumo una computadora en alguna parte de su casa: un electrodoméstico más.

Eligió irse a Bilbao, la pujante capital del País Vasco: allí estaban el Guggenheim, el acero y los barcos, las intermitencias de la lluvia, la Ría que rasgaba al medio la ciudad como una puñalada enloquecida. Fueron cuatro años de todo aquello que viene con la vida universitaria, y que terminó del mismo todo que suele terminar: un título universitario, miles de preguntas.

Elen siempre había querido solucionar cosas. De modo que, al finalizar la carrera, se buscó el huracán más grande que  podía existir, y corrió hacia el núcleo sin pensarlo: la pobreza, los problemas del mundo, la inequidad. Eligió la diplomacia, las relaciones internacionales, y se subió a ese barco, que la terminaría depositando un día en La India.

Otra vez aeropuertos, valijas, miradas absortas desde la ventanilla del avión.

IV

Encontró La India, encontró un país pobre, por supuesto. Pero también un país sumamente abierto y creativo  para solucionar los grandes problemas. Y encontró a la tecnología metiendo mano en ese profundo caldero de necesidades y limitaciones, y se dio con que la tecnología lograba cosas.

Y ahí se le derrumbó un mundo: el mundo de las sentencias, de los libros, de los acuerdos diplomáticos, de la política, de los organismos internacionales, de los grandes encuentros de líderes, de los documentos, las declaraciones, y los tratados y de sus propósitos grandilocuentes e incumplidos. De la ONU, de la OEA, de la OTAN, de las organizaciones- acrónimos que desde las grandes guerras poco habían logrado solucionar.

Y entendió que todo eso no había servido. O no le serviría a ella. Que tenía que encontrar una nueva forma de llevar el derecho a las personas, que debía pensar en un nuevo modo de impactar. Era hora de demoler cosas.

V

Ya tenía la proclama, las ínfulas, las ganas. No sabía muy bien cómo, pero sabía que lo que conocía no servía. Con eso, que era poco o mucho, regresó a la península Ibérica.

Decidió que se metería en ese mundo insondable que en ese momento era la tecnología, y se apuntó en un curso de programación. Después en otro, en otro, y así por un tiempo. También ciberseguridad. Se metió en cosas que sus amigos y colegas no entendían, pero para ese entonces, se había acostumbrado a no ser como el resto.

Tiempo más tarde inventarían una palabra para Elen:  geek. Y dirían que es cool, y su tribu  ocuparía espacios en revistas y programas de TV. Y algunos de ellos integrarían las listas de millonarios de Forbes. Pero Elen no le prestaba atención a eso.   No le importaba. A Elen solo le importaba ser Elen. Le urgía.

VI

Hasta que un buen día se hartó de la lluvia bilbaína, y necesitó el sol. Así que fue a buscarlo donde al sol le gusta estar: Madrid, donde la esperaba el movimiento, y ese desorden que las grandes ciudades provocan sobre los átomos.

Estaba en el centro de la acción, lista para enfrentar el tsunami tecnológico llamado revolución 4.0 y con él, un mal más peligroso, la  fiebre de hablar de la revolución 4.0: las toneladas de posteos en las redes sobre la inteligencia artificial, el blockchain, los anuncios del fin del mundo en manos de las máquinas, las reinterpretaciones de Terminator y Matrix. La compulsión de   salir a hablar -sin saber- sobre estos temas por el temor de quedar fuera de la moda. La carrera desenfrenada por estudiar nuevas regulaciones, y salir a escribir artículos urgentes sobre leyes escritas por tipos de escritorio. El acto reflejo de crear departamentos de nuevas tecnologías en los estudios. Participar en eventos donde nadie usa corbata, o en debates sobre el futuro de cualquier cosa. Inscribirse en cursos de programación que luego se abandonarán a la primera semana. Movimientos desenfrenados, espasmódicos, como de electrones hiperexcitados chocándose en el éter.

VII

En medio de ese ruido blanco, Elen, que no se dejó atrapar por el carrousel endemoniado. Porque no cree que haya necesariamente que salir corriendo a aprender código –aunque ella lo domina- , ni a hacer una maestría en la regulación de las fintech – quizás algunas lecturas sirvan-, ni a impostar un look techie, ni hablar por hablar, ni escribir por escribir.

Primero hay que entender, dice.

Mientras me habla espío su entorno, su habitación, todo lo que la poca perspectiva de mi webcam y un monitor de 19 pulgadas me permiten. No hay logos de Apple, ni computadoras Apple, ni afiches con la cara de Elon Musk, ni nada que me haga suponer que Elen es una chica cool, una surfer del código.

No se jacta de nada, ni anda en pose. Sí, su silla de trabajo parece la de un cohete espacial, como si estuviera preparada todo el tiempo para irse a un gran viaje a la luna.
Probablemente lo quiera.

VII

Desde su casa, entre muchas otras cosas que hace para romper paradigmas, Elen da cursos breves online para sumergir a aquellos hombres y mujeres que quieran escucharla en el Jordan de la tecnología. Y esa es la excusa que me trae aquí, para hablar a través de una pantalla.

Sigo hablando con ella, y busco un título a la nota. Se me ocurren miles, y ninguno. Pienso en todas esas películas de acción en la que está por explotar una bomba, y hay que desactivarla en pocos segundos.

10, 9, 8… Todos intentan algo, y nada sucede, el conteo sigue.

7,6 5… el protagonista no sabe que botón apretar.

4,3,2… aparece una chica con una computadora, hackea todo, y entre el 1 y el 0 se produce el milagro y todos se salvan.

Esa chica es Elen.

Me hubiera gustado un título a lo Stieg Larsson: La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina.

Decido dejar el título para otro momento, y empezar a preguntarle cosas.

Hay una fiebre por la tecnología, y por hablar de la tecnología sobre todo. ¿Crees que sea una moda?

No creo que estemos ante una moda; prácticamente todas las empresas que están naciendo hoy en día tienen incorporada la tecnología. También, las empresas más cotizadas en el mundo tienen base tecnológica y estrategia del dato. Dicho esto, creo que lo que necesita la abogacía, en primer término, es entender y comprender la tecnología, para de allí luego poder tener los elementos para decidir cómo la incorpora al servicio. O si la incorpora o no. Que cada despacho o profesional pueda decidir de manera autónoma qué tipo de solución necesita, o si le compensa o no incorporar alguna con las soluciones que hoy en día hay.

En todos lados se observa abogados hablando de temas tales como la inteligencia artificial y sus implicancias éticas, y daría la impresión de que la mirada del tema es siempre desde lo legal. ¿Cómo juzgás en general la conversación que se está dando en redes, medios, eventos sobre el tema? ¿Nos falta una capa de análisis?

Justamente como dices, muy enfocado en términos legales. Al fin y al cabo, es lo que el abogado controla. Sin embargo, y utilizando un ejemplo que siempre suelo poner relacionado con Inteligencia Artificial, digo.. ¿Cómo aplicar conceptos como transparencia, accountability, sesgos., si no sabemos cómo funciona la Inteligencia Artificial?"

La parte técnica es la capa de análisis que nos falta incorporar a los abogados en la conversación sobre la tecnología.

La parte técnica es la capa de análisis que nos falta incorporar a los abogados en la conversación sobre la tecnología.

Con la irrupción del cambio tecnológico, se nota la inquietud de los profesionales por acercarse al mundo de la programación, quizás pensando en que es el único camino para no quedar afuera. Y entran a un universo que es complejo, lo que les genera aún más frustración… ¿Debemos aprender a programar indefectiblemente?

Yo digo que los abogados deben tener una formación técnica para aproximarse a la tecnología, pero que no necesariamente tiene que ser en programación. No todos los ingenieros programan. Por ejemplo, si eres consultor en ciberseguridad, perfil en el cual cada vez habrá más abogados, lo importante es conocer redes y sistemas y fundamentos de software. Esto no tiene porqué requerir programar, pero sigue siendo una formación técnica.

Ahora bien, hay ciertas profesiones como el del full stack developer, data scientist, etc, que sí requieren programación en el día a día. Si hay abogados que quieren dedicarse a esto como profesión, sí tendrán que aprender bien a programar.

Lo que sí puedo decirte, es que los abogados que se acerquen a programar por el efecto miedo, seguro fracasarán. Tiene que haber una motivación real en el fondo, ya que la programación requiere de mucha práctica y tolerancia a la frustración. Por eso, cuando me escriben profesionales con esta duda siempre digo: ¿Con qué fin te gustaría programar?

 

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¿Cuál es tu enfoque en los cursos de tecnología que das a abogados? 

La estrategia que sigo en mi curso es enseñar a abogados un poco de redes y sistemas, cómo funciona la Inteligencia Artificial hoy en día y la lógica de la programación a través de una introducción a Python.

Siempre digo a mis alumnos que lo que menos me importa es la sintaxis de Python. Con lo que se tienen que quedar es con los pasos lógicos que tenemos que seguir para que la máquina no de error, cuál es la lógica de una variable, o cómo va tomando decisiones en base a 0 y 1, es decir, la lógica binaria de las máquinas. Al fin y al cabo, lo que acaban concluyendo es que las máquinas no hacen nada por sí solas, sino que son los desarrolladores quienes las instruyen.
¿Con esto que se consigue? Principalmente se le entiende mucho mejor al desarrollador, entendemos mejor porqué es tan fácil que pueda haber errores y se puede entender mejor los límites de las máquinas. Al saber un poco más que antes del curso, se le va perdiendo ese miedo o respeto, lo vemos más cercano, y eso hace que cambie nuestra visión de la tecnología. Por eso digo que esta base de lógica de programación, es lo que marca la diferencia entre los profesionales que la entienden y los que no.

Pongo un ejemplo: Una de las cosas que vemos es enfrentarse a un error de código. No tanto por el código, sino por atreverte a buscar en Google y probar hasta llegar a una solución. Esto no es una práctica muy empleada por los abogados cuando tienen errores informáticos, sin embargo, te proporciona una gran autonomía."

¿Para qué sirve estudiar código? ¿Seguirá siendo útil ante movimientos o tendencias tales como el No Code y la aparición de lenguajes cada vez más sencillos y automatizados?

Las plataformas no code sirven para que gente que no sepa programar pueda hacer webs o aplicaciones en lugar de tener que escribir código o contratar un desarrollador para que lo haga.

Pero la labor del abogado no es sólo utilizar estas plataformas a nivel usuario (a excepción de que quieras ser desarrollador) sino asesorar en temas tecnológicos o contratar aplicaciones. Centrándome en la Inteligencia Artificial, por ejemplo, digo que se puede hablar de IA sin tener conocimientos técnicos, pero tener cierta base técnica aporta un valor diferencial. Normalmente y desde mi experiencia, los abogados sobreestiman lo que la IA hoy puede hacer. Esto no sorprende, en parte, es porque no hay base técnica para poder tener cierta crítica frente a las noticias que salen.

¿Cómo se solucionaría esto? Pues precisamente, entendiendo qué hace una máquina y obteniendo una base mínima técnica que le permite al abogado discernir entre distinta información. Y este punto es esencial para abogados que asesoren en Inteligencia Artificial. Además, en este caso, muy probablemente nuestros clientes sean técnicos. ¿Cómo hacerles las preguntas idóneas sin base técnica? Otro ejemplo: Hoy en día, si queremos desarrollar cualquier aplicación, hacer una web, una IA, etc., contactamos con desarrolladores. Muchas veces la gente se frustra porque no siempre hacen lo que ellos tenían en mente, o se complica, o se tarda más tiempo o no se podía hacer todo lo que querían. La mayoría de ellas, es por no saber cómo los desarrolladores hacen su trabajo y los límites que tienen a la hora de hacerlos."

Aparecen nuevas tecnologías repentinamente, y los estados salen corriendo a dictar regulaciones, muchas veces sin entenderlas del todo. Por otra parte, la velocidad de su incorporación choca contra la burocracia de los estados... ¿Cómo ves el futuro a este respecto? ¿Podrán los estados correr al lado de la tecnología? ¿Habrá autorregulación? ¿Qué imaginás al respecto?

Pues me cuesta mucho imaginar lo que puede pasar. Pero una cosa de la cual sí estoy convencida es que los estados van a intentar acaparar más poder frente a la tecnología. No van a dejar pasar la oportunidad para regular, aun  promulgando leyes inefectivas. Y contribuirá a esto el clamor de la ciudadanía que va a pedir más intervención a través de la regulación.

Una de las mayores ventajas que tiene el estado frente a sus ciudadanos (en cualquier área donde se emiten leyes, que prácticamente no se escapa ninguna), es que no tenemos mecanismos activos para participar en las tomas decisiones, ni mecanismos para analizar la efectividad de las leyes. La toma de decisiones recae en 4, 10 o 20 burócratas y los profesionales que ellos escogen, y son los que deciden bajo una ley o varias, el devenir de todas las actividades de un determinado sector en la sociedad.

En Europa estamos viendo una centralización de la regulación en tecnología hacia la Unión Europea. Considero esto una mala noticia, no sólo porque hacer rendir cuentas a políticos que se encuentran en Bruselas es más difícil que hacerlo desde Madrid, sino que bajo regulaciones centrales se están interviniendo el comportamiento de 28 estados miembros. Y seguimos sin tener mecanismos para analizar la efectividad de esas leyes.

¿Por dónde empezamos los que queremos ponernos a tono con la tecnología?

Importantísimo hacerse la pregunta de qué quiero alcanzar con la tecnología antes de ponernos a pagar cursos o másteres. De esta manera, crear una carrera profesional en torno a ello será mucho más eficiente.

Más info sobre lo que está haciendo Elen:

Curso: “Ciencias de la computación para juristas”, de 8 horas de duración, online y sincrónico. Próximamente estará subido en una plataforma de educación asincrónica
También, te invitamos a conocer una herramienta tecnológica en la que está trabajando Elen para resumir textos, basada en IA. 
Por último, y si te interesa conocer más en detalle sobre programación en Python, te dejamos un link al taller gratuito “Introducción a la programación con Python para juristas” organizado por derechopractico.es 
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